lunes, 10 de octubre de 2011
lunes, 3 de octubre de 2011
El banco de la espera
Desde que te conocí he ido cada tarde a este banco a esperarte. Hoy he venido hasta aquí a despedirlo, porque no voy a volver más.
Los libros que he leído al atardecer frente al río quedan dormidos en la estantería de este período de mi vida. El periódico que diseccionaba los domingos en las mañanas de invierno buscarán otro paisaje. No volveré a sentir la calidez del sol viendo a los niños correteando por la orilla a la salida el colegio, ni tendré que esquivar con la mirada a las parejas que retozan a mi alrededor sobre el césped.
No vendré más a este banco, el banco de la espera, en el que durante demasiado tiempo tu espacio vacío me ha escuchado hablarte a solas, sentirte a solas, soñarte a solas. En mi imaginación durante todo este tiempo hemos crecido juntos y hemos viajado, hemos discutido docenas de proyectos de futuro. Y todo sin respuesta. A menudo he imaginado cómo sería tenerte de verdad sentado junto a mí en este banco, entre tus brazos, sintiendo como colocas una a una las piezas que en tu ausencia me han hecho sentirme incompleta.
Hoy he tomado la decisión de no volver, y he querido traerte aquí, y mostrártelo, para que también forme parte de tu mapa de recuerdos. No me aprietes tanto la mano, no es necesario, sé que no vas a escaparte, y yo no voy a ir a ninguna parte sin ti… Ahora que estás aquí, mira este banco en el que tanto te he soñado, y no volvamos nunca. Busquemos otro lugar donde sentarnos en el que no quede ni rastro de la soledad sentida, en el que sólo habiten las presencias.
Carmen Otero
domingo, 2 de octubre de 2011
lunes, 19 de septiembre de 2011
domingo, 18 de septiembre de 2011
Una hora ante tu ventana
Tu pelo blanco es lo único que alcanzo a ver a través del cristal, sentado de espaldas a la calle sin saber de mi presencia ni intuirme. Hace una hora que te observo desde el otro lado de la calle, junto a la pastelería a la que solías llevarme los domingos cuando hacía buen tiempo y salíamos a dar un paseo por el parque, y apenas te has movido. Puede que estés viendo la televisión y tu única actividad sea la del pulgar sobre el mando a distancia. Puede que estés leyendo, siempre te gustaron las novelas de misterio y la novela negra americana. A veces también la poesía, reservada a las largas tardes de invierno, en las que de pronto tu voz llenaba todos los espacios cuando leías en voz alta algún poema con el que, por algún motivo, se te alteraba el alma. Quizás estás hablando por teléfono, tu cabeza se mueve levemente hacia adelante y hacia atrás, como asintiendo… quién puede llamarte un día como hoy, ni siquiera sé si siguen vivos tus amigos o han ido cayendo poco a poco como los muñecos de un puesto de tiro en la feria, y yo he sido tu única familia. Eres tan mayor que me cuesta trabajo imaginar que aún estés ahí, con tu gesto adusto, tu mirada autoritaria, y tu rostro inflexible. Creo que de alguna manera tenía la esperanza de que al terminar este largo viaje que me trae de nuevo ante la ventana de tu casa, no encontrarte. Me hubiera ahorrado este lento y desgastador proceso en el que debo decidir si llamar a tu puerta, o marcharme por donde he venido. Una hora ante tu ventana y cientos de recuerdos. No queda casi ninguno de los buenos, enterrados bajo los gritos y las amenazas de aquella tarde de abril en la que abriste la puerta del que hasta el momento había sido mi hogar para decirme que nunca volviera. Una hora ante la ventana de tu casa sin saber si tengo valor para enfrentarme a tu rostro, a tu voz, a tu ira, al recuerdo de tu ira. No sé en qué momento dejaste de ser el rostro amable en el que se cobijaban todas mis ilusiones para convertirte en el hombre al que tanto he temido. Puede que ahora no seas más que una sombra de lo que eras y que al mirarte a los ojos sólo encuentre vacío, sin rastro del pasado, sin consciencia del hoy, puede que una de esas terribles enfermedades degenerativas haya convertido tu victoria del pasado en la derrota en la que vives el presente, solo. Aunque bien visto, la soledad en la que has nadado estos años ya es suficiente derrota.
Carmen Otero
viernes, 16 de septiembre de 2011
jueves, 15 de septiembre de 2011
martes, 13 de septiembre de 2011
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